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El dibujo arquitectónico como espacio de lo sublime y lo no construido

  • marilenysdf
  • Feb 4
  • 2 min read

El dibujo ha sido históricamente uno de los instrumentos fundamentales de la arquitectura, no solo como medio de representación técnica, sino como una herramienta de pensamiento y expresión. En este sentido, a través del dibujo, la arquitectura puede existir más allá de la construcción, subordinando la realidad material a una exploración conceptual que permite imaginar lo sublime y lo no realizado. Esta aseveración se sustenta, en primer lugar, en la idea de que el dibujo arquitectónico funciona como un espacio autónomo de reflexión donde se desarrollan ideas que no dependen necesariamente de su materialización. También, el dibujo permite representar lo irrealizable o lo no construido, otorgándole valor arquitectónico a proyectos que existen únicamente en el ámbito conceptual. Ambas proposiciones se relacionan directamente con la tesis al demostrar que el dibujo no solo anticipa la realidad construida, sino que también puede independizarse de ella y convertirse en un fin en sí mismo dentro de la disciplina arquitectónica.

El dibujo arquitectónico actúa como un medio de reflexión autónomo que permite al arquitecto pensar la arquitectura más allá de las limitaciones físicas y técnicas. En el prólogo del Compendio de lecciones de arquitectura, Rafael Moneo destaca el dibujo como una herramienta esencial para el pensamiento arquitectónico, capaz de ordenar ideas, explorar formas y construir un discurso propio antes de cualquier intención constructiva. A través del acto de dibujar, el arquitecto no solo representa un objeto futuro, sino que reflexiona sobre el espacio, la proporción y el significado de la arquitectura. De esta manera, el dibujo se convierte en un territorio intelectual donde la arquitectura se formula, se cuestiona y se redefine, subordinando la realidad material a un proceso conceptual previo.

Además de su función reflexiva, el dibujo permite la representación de proyectos no realizados, otorgándoles valor arquitectónico aun cuando nunca se materialicen. En Drawing [on] the Sublime: Representation of the Unrealized Project and the Subordination of the Real, se plantea que el dibujo puede representar lo sublime precisamente porque no está limitado por las exigencias de la construcción. Estos dibujos no buscan necesariamente convertirse en edificios reales, sino que exploran ideas, emociones y conceptos que trascienden lo tangible. Así, el proyecto no construido adquiere legitimidad dentro del discurso arquitectónico, demostrando que la arquitectura puede existir plenamente en el ámbito de la representación y la imaginación, sin depender de su concreción física.

En conclusión, tanto el pensamiento de Moneo como la reflexión presentada en Drawing [on] the Sublime evidencian que el dibujo arquitectónico va más allá de ser un simple medio de representación técnica. A través de las proposiciones expuestas, se demuestra que el dibujo funciona como un espacio autónomo de reflexión y como un vehículo para la representación de lo no realizado. De este modo, la arquitectura puede existir más allá de la construcción, subordinando la realidad material a una exploración conceptual que permite imaginar lo sublime. El dibujo, entonces, no solo anticipa la arquitectura construida, sino que amplía los límites de la disciplina al permitir que lo imaginado y lo irrealizable también formen parte esencial del pensamiento arquitectónico.

 
 
 

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